EL ASESINATO DE ESCOBAR, EL AUTOGOL QUE COSTÓ SU VIDA
Previo a la Copa del Mundo de 1994, Colombia, un país entero lleno de ilusión por la mejor selección de su historia, había sido puntera de su sector, donde en esas eliminatorias vivieron uno de sus…

Juan Carlos Isordia
16 de abril de 2026 · 3 min de lectura

Carlos Andrés Rebolledo Foyo
Previo a la Copa del Mundo de 1994, Colombia, un país entero lleno de ilusión por la mejor selección de su historia, había sido puntera de su sector, donde en esas eliminatorias vivieron uno de sus momentos más dulces, ganando de visitante en Buenos Aires, ante la todopoderosa Argentina por un marcador de 0-5.
Con un equipo plagado de estrellas, y nombres como Freddy Rincón, Adolfo Valencia o el Pibe Valderrama; en este artículo nos enfocaremos en otro grande de ellos: Andrés Escobar, un jugador del estado de Antioquia, quien apenas antes de partir rumbo al Mundial había firmado con el Milan de los galácticos.
En un grupo “accesible”, donde acompañaban a Colombia las selecciones de Rumania, Estados Unidos y Suiza, para la prensa cafetalera no llegar a pasar de ronda era prácticamente impensable, y alcanzar unas semifinales era algo innegociable.
La decepción no tardó mucho en llegar…
Colombia perdió su primer partido en un debut desafortunado, donde con goles de Răducioiu y Hagi se complicaron sus aspiraciones de pasar de ronda, cayendo por un marcador de 1-3.
En el Rose Bowl de Los Ángeles, disputarían su segundo duelo ante el anfitrión, donde llegaría el momento cumbre tanto para esta selección como para nuestra historia…
La tricolor no estuvo ni mucho menos cerca de mostrar su nivel desplegado en las eliminatorias rumbo a la Copa del Mundo. Estados Unidos comenzó presionando y poniendo en predicamentos a una Colombia que no paraba de correr tras la pelota.
Minuto treinta y cinco, marcador 0-0. Andrés Escobar, intenta cortar un centro lanzado desde el lateral, que termina mandando al fondo de su propia meta, y es ahí donde no solo Colombia comenzó a ver cómo sus aspiraciones de avanzar de ronda se esfumaban, sino que también Escobar marcaba un autogol que cambiaría su vida por completo.
Los Estados Unidos, después del gol en propia, marcaron el 2-0 para así liquidar el partido, que en su ocaso vería una anotación de Freddy Rincón, poco útil, ya que después de dos duelos su país se veía eliminado de la Copa del Mundo.
En su tercer duelo, Colombia obtuvo un triunfo muy poco valioso, 2-0 ante Suiza, con goles de Hernán Gaviria y Harold Lozano, quienes, a pesar de haberle dado la victoria a su país, disputaron ese partido con el conocimiento de su eliminación temprana en la fase de grupos.
Posterior a esto, el seleccionador de Colombia, Francisco Maturana, recomendó a los futbolistas no regresar a sus tierras natales debido a la fuerte decepción y el contexto social y de seguridad del país, situación a la que desafortunadamente, Andrés Escobar hizo caso omiso…
La noche del 2 de julio de 1994, cuando el jugador del Milan salía de un bar, después de tomar un par de copas con sus amigos, cerca de su vehículo le rodearon varias personas, quienes comenzaron a bromear con respecto al autogol anotado ante la selección de las barras y las estrellas.
Hasta que un hombre se acercó con una pistola…
La advertencia de su entrenador se había vuelto realidad. Una vez más, Colombia se había llenado de vergüenza.
Andrés Escobar fue cobardemente asesinado después de doce disparos que cegaron la vida de un hombre que se entregó por representar a su país con dignidad, y que una acción noble, como dar la cara, sería la decisión que le costaría su propia vida.
Se dice que los asesinos, después de cada disparo, lo insultaban y le mencionaban irónicamente “Golazo”. Aquella vez se vivió la mayor vergüenza en la historia del futbol; más de ciento veinte mil personas acudieron a su despedida, que le dio la vuelta al mundo.
Su asesino, Humberto Muñoz Castro, fue condenado a 43 años de prisión, de los cuales, solo cumplió 11 de ellos, quedando libre por buen comportamiento.
Tres días antes de su fallecimiento, Escobar escribiría una pequeña columna para el diario “El Tiempo”, pidiendo disculpas y agradeciendo a todo el país su apoyo durante el Mundial, un texto que terminaba con la frase: “Hasta pronto, porque la vida no termina aquí”.
Una historia que terminó antes de tiempo…
Un autogol… que terminó costando una vida.

